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lunes, 26 de julio de 2021
lunes, 24 de febrero de 2020
HABÍA UN VEZ UN TIRANO DE Ana María Machado
HABÍA UNA VEZ UN TIRANO
Ana María Machado

Algunos dicen que esta historia sucedió hace muchos, muchos
años, en un país muy lejano. Otros aseguran que no, que sucedió hace muy pocos
días, bien cerquita. Hay también quien jura
que está sucediendo todavía, en algún lugar. Y hay incluso quien cree
que aún está por suceder.
Cuando la historia tiene documentos, papeles escritos en la
época, cosas que dejan pistas, uno puede tener alguna certeza de cómo ocurrió
todo. Basta con leer los diarios de aquel tiempo, o las cartas de las personas,
o los mandatos del rey, o los tratados. Pero en una historia como la nuestra…
no sé… resulta muy dificil saberlo. Porque nadie escribió nada. La historia
pasó de la boca de uno al oído del otro, quedó en la memoria, y después salió
de esa boca hacia otra cabeza. Y a veces, además, quien la cuenta la cambia un
poquito.
Si un día ustedes oyen hablar de este caso, pero de otra
manera, sepan que la culpa no es mía. Es del Tirano. Desde que él prohibió
todo, ya no se podía tener papeles escritos, ni dibujos, ni coplas, ni música,
ni bailes que contaran nada. Por eso, algunos se olvidaron de todo. Otros
confundieron todo. Y si no fuera por los tres chicos, no sé lo que habría
sucedido…

Pero ya estoy hablando de lo que sucede en el medio de la
historia, antes de comenzar por el principio. Es porque no podía comenzar así:
“Hace muchos, muchos años, en un reino muy lejano…”
Entonces voy a comenzar de otra manera. Con “Había una vez”.
Ahí va.

Había una vez un reino. O una república. Esta es una de las
cosas que nunca se supo bien. Pero no tiene mucha importancia. Lo importante es
saber que había una vez un país muy alegre y entretenido, donbde las personas
daban muchas opiniones sobre la manera en que querían vivir, aunque tampoco se
preocupaban demasiado por eso. Elque mandaba era elegido por la gente; no sé si
era presidente o primer ministro. Ese asunto de que todos dieran tantas
opiniones a veces daba la impresión de que reinaba un completo desbarajuste, ya
que todos querían hablar al mismo tiempo, cada uno gritaba más que el otro, a
veces hasta discutían y peleaban, y no era posible estar siempre en orden y
tranquilidad. Pero al final todo salía bien. Era así: cuando mucha gente quería
una cosa, era esa cosa la que terminaban haciendo. Y el que no estaba de
acuerdo podía llorar, rezongar, reclamar, enojarse, chillar, gritar, patalear,
enojarse, chillar, gritar, patalear, pero en el fondo sabía que no le serviría
de mucho, salvo para convencer a un monton de gente de que se pasara a su bando.
Así estaban las cosas. Pero de vez en cuando, toda esa confusión y esas
discusiones daban la impresión de un gran desbarajuste.
Fue por eso que apareció el Tirano. O Déspota. O Dictador.
Tiene muchos nombres. Es decir, un hombre que no le preguntó a la gente si
podía ser presidente o primer ministro, expulsó al que había sido elegido por
la mayoría y se puso a dar órdenes y a mandar a todo el mundo, solo porque era
el más fuerte. Al comienzo hasta hubo algunos que se mostraron satisfechos con
él, porque pensaron que estaba arreglando un poco el desbarajuste y que ahora
iba a haber orden para que las personas trabajaran en paz. Pero como el Tirano
no escuchaba las opiniones de los demás, empezó a hacer barbaridades. Primero
le molestó que cada uno tuviera una idea diferente.

-¿Dónde se ha visto? Por eso es que todos se lo pasan
discutiendo en vez de trabajar.

Es una pérdida de tiempo…
Y ahí vino la orden:
-¡A partir de hoy, solo pueden tener las mismas ideas que yo!
Por supuesto, hubo gente que protestó:
-No estoy de acuerdo…¡Esto es absurdo!
-Y este tipo, ¿Quién se cree que es? ¿Pensará que tiene
coronita?
No faltó un curioso que sugirió:
-Podríamos ir a preguntarle…
No sirvió de nada. Ahora ya no había el desbarajuste de
antes. El que no estuvo de acuerdo marchó preso. O fue expulsado del reino. O
intentó irse antes de que lo expulsaran. O se quedó muy quietito, con sus ideas
bien guardadas en el rincón más profundo y escondido de la cabeza, y andaba
silbando, disimulando, haciendo de cuenta que no tenía nada ahí adentro.
Después, al Tirano le molestó que cada uno usara colores
diferentes:
-¿Dónde se ha visto? Por eso es que andan todos mal
combinados, en vez de armonizar. No se necesita niel rojo, ni el amarillo, ni
el azul ni nada de eso. Es pura pérdida de tiempo…
Y ahí vino la orden:
-A partir de hoy quedan prohibidos los colores.
Fue difícil, pero todos tenían miedo. ¿Qué iban a hacer? Era
un aburrimiento. Todo igual. Las personas tuvieron que vestirse de gris. Los
edificios, las calles, los automoviles se pintaron de gris ceniciento. Talaron
casi todos los árboles, se acabaron las flores, desaparecieron los pajaritos y
las mariposas. Cubrieron los jardines con cemento, asfaltaron la tierra,
enlataron las verduras.
Las personas protestaban en voz baja:
-¡Esto no es posible! ¿Dónde se ha visto? Por cierto,”¿Dónde
se ha visto?” era una de las cosas que más se preguntaban en aquel tiempo y
aquel lugar, pero nadie respondía, nadie recordaba dónde se había visto antes,
nadie reconocía aquella época, como si nunca hubiera existido nada parecido.
¿Dónde se ha visto? ¿Alguien lo sabe? ¿Alguien ha oído hablar de semejante
cosa?
Pero había gente contenta, claro, gente que no recordaba
haber vivido nunca en un reino tan bueno, tan prolijo. Los fabricantes de
pintura gris, de cemento, de asfalto, de latas y de otras nuevas cosas útiles
se frotaban las manos de alegría:
-¡Hurra! Ahora que ya está todo en orden, ¡Vamos a hacernos
ricos! Este nuevo país parece un milagro.
Sí, eso parecía. O un maleficio. Todo grisáceo, todo sin
discusión, todo de la misma idea y el mismo color.
Es decir, todo todo no… Nunca llegaba a ser todo. En el pecho
del Tirano, por ejemplo, sobre su uniforme gris, había una colección de cintas
de varios colores. Detrás de una que otra casa quedaba algún árbol, o un
matorral. O una flor en una lata vieja, colgada encima de la pileta de lavar,
en el fondo del terreno de atrás. Y no había manera, por más que se prohibiera,
de terminar con el azul del cielo y el amarillo del sol. Bien que el Tirano lo
intentó. Mandó que un montón de chimeneas y caños de escape arrojaran humo, y
así el cielo estaba casi siempre gris y el sol no se veía. Pero, de vez en
cuando, el viento lograba apartar una de aquellas pesadas nubes nuevas y las
personas podían ver un pedazo de azul. Y soñaban con momentos felices o
recordaban momentos agradables de otros tiempos.
Pero en general era un país grisáceo y aburrido. Muy
aburrido. Más aún porque el Tirano hacía trabajar a todo el mundo sin descanso,
porque todo era muy caro, las personas
ganaban muy poco, vivían muy lejos del empleo y los transportes eran muy malos,
con trayectos muy complicados, que hacían perder mucho tiempo. Así, nadie tenía
oportunidad de charlar, de buscar un lugar donde todavía hubiera verde, o de
pensar.
De esa manera el Tirano controlaba a todos, seguro de que no
había ningún peligro de volver al desbarajuste de antes.

Solo que a veces, a la noche, algún trabajador, aunque
estuviera muy cansado, no se dormía enseguida. Sentía ganas de salir a buscar a
un amigo para conversar. De charla en charla, las ideas aparecen. Y las
conversaciones y las ideas son grandes enemigas de los Tiranos. Por eso, el
Tirano decretó:
-Este asunto de quedarse haciendo reuniones molesta a los que
quieren trabajar en paz, perjudica al país. Así, esto no anda. Queda prohibido.
Entonces, el que no quería caer en el sopor generalizado ni
dormirse de una buena vez solo podía pensar, recordar y soñar. Y era eso lo que
sucedía. Así, de vez en cuando, en alguna casa, por la noche se veía a alguien
en una ventana o algún balcón, con aire pensativo, aprovechando que a esa hora
había menos humo y se podían ver las estrellas. Como el Tirano no entendía
mucho de ideas, creyó que la culpa de que las personas tuvieran pensamientos
era de las estrellas. La verdad es que ya le resultaban antipáticas desde hacía
algún tiempo, porque tenían la manía de brillar más que las estrellitas de
metal que le colgaban del pecho, justo encima de las cintitas de colores de su
ropa gris.
Y trató de prohibir también eso.
-¡A partir de hoy tendremos toque de queda!
Al comienzo, nadie sabía bien qué era:
-¿Toque de queda? ¿Qué es eso?
-Debe de ser un instrumento
nuevo que toca alguien.
-O un nuevo baile, en el que
hay que tocarse.
-O una manera nueva de
quedarse haciendo algo…
Siempre había alguien,
todavía, capaz de creer que alguna idea del Tirano iba a introducir una novedad
para mejorar el reino. Pero cuando llegaba la explicación, la esperanza
desaparecía:
-No es nada de eso. Quiere
decir que, en cuanto oscurezca, todos deben irse a su casa, encerrarse y no
salir hasta el amanecer. Y el que ande de noche por la calle irá preso.
Era así nomás. Estaban prohibidas
las estrellas.
Pero aun sin poder ver colores
ni estrellas diferentes de las del uniforme, sin poder reunirse ni tener ideas
propias, había algunas cosas que las personas seguían haciendo.
Cantaban y pensaban.
Al principio cantaban melodías
con palabras, canciones que ellas mismas creaban. Pero al Tirano siempre le
parecía que esas palabras se inventaban para hablar mal de él, así que resolvió
terminar con las nuevas letras:
-¡Se prohíbe inventar
canciones nuevas!
Entonces las personas
empezaron a cantar canciones conocidas y tonadas muy viejas:
-Aserrín, aserrán,
Los maderos de San Juan,
Piden pan, no les dan;
Piden queso, les dan hueso,
Y les rompen el pescuezo.
Y el Tirano creía que estaban
protestando por la pobreza, o que insinuaban romperle el pescuezo. Y lanzó un
grito que asustó a todo el mundo, y chilló:
-¡Paren ya con todos esos
canturreos!
Y en un instante prohibió todo
lo que contuviera alguna invención, alguna historia, alguna idea. No sé si en
ese tiempo había cine, pero si había, quedó prohibido. El teatro también,
claro. De pronto, no se podía hacer nada más. Estaba prohibido cantar, bailar,
tocar instrumentos, actuar, dibujar, pintar, inventar, escribir, leer, guardar
papeles escritos.

Así pasó algún tiempo. Hasta
que un día les llegó el turno a los chicos. Y se acabó el turno del Tirano.
Ahora les cuento cómo fue.
Había una vez tres chicos que
vivían en ese país del Tirano. Uno se llamaba Totonho, otra se llamaba Jacira,
y la otra se llamaba Isabel. No se conocían, pero un día, por casualidad, se
encontraron en la misma esquina, distraídos, mirando al cielo. De repente, una
hoja de árbol llegó volando con el viento, y los tres chicos quisieron
agarrarla al mismo tiempo. Cada uno tendió el brazo, abrió la mano y casi
chocaron. Cada uno terminó agarrando a los otros dos, y los tres se echaron a reír
en el cruce de las calles. Fue lindo, divertido, lleno de carcajadas. Y los que
pasaban miraban, pero no entendían nada. ¿Dónde se ha visto, chicos riéndose
tanto en el medio de la calle, al borde de la plaza? ¿Qué era lo que a los tres
podía causarles tanta gracia? ¿Para qué tanta carcajada del chico y las nenas?
¿Para qué tanta risotada gruesa y tantas risitas finitas?
Pero a los tres les resultaba
placentero y divertido; ya ni se acordaban de la hoja, que descansaba ahí cerca.
Olvidaron que se había caído, y solo prestaban atención a lo que habían
descubierto. Vieron que las manos de cada uno eran diferentes, que la cara de
cada uno tenía rasgos y colores distintos. Y eso era lindo, perfecto; no había
Tirano que lo cambiara. Una piel era negra, otra era casi rosada, y la otra era
de color cobre, medio dorada.
Los ojos eran de diversos tamaños
y colores: negros, azules, castaños. Y los tres tenían lindo cabello, de
diferentes formas: lacio, lleno de rulos, ondulado.
-¡Qué brillante!
-¡Qué lindo color!
-Tu cabello es precioso…
Pero la sonrisa era la misma,
alegre, abierta, la sonrisa alegre del que encontró al amigo adecuado.
Con este encuentro, por
supuesto, comenzaron a descubrirse, a conversar, a divertirse y a jugar. A la
hora de irse, Isabel propuso:
-¿Volvemos a encontrarnos
mañana?
-Claro, dijo Jacira-. Creo que
hoy fue el mejor día de mi vida. Nunca había jugado con nadie.
-Yo tampoco –aseguró Totonho-.
Y me encantó. Quiero verlos todos los días.
Y eso fue lo que hicieron.
Jugaban, corrían, se reían mucho. Y conversaban, conversaban y conversaban.
Y charlando, charlando, como
era de imaginar, comenzaron a tener ideas:
-No sé cómo hacíamos antes
para vivir en este lugar tan aburrido, sin darnos cuenta de nada.
-El lugar sigue siendo
aburrido. Mirá: todo gris, un horror.
-Podríamos encontrar una
manera de cambiarlo.
-Sí… ¿Pero cómo?
-No sé… Haciéndonos amigos de
otros, conversando, como sucedió con nosotros.
-¡Eso! Y jugando mucho.
Los tres volvieron a su casa y
se pusieron a hablar con todas las personas con las que se encontraban. Con los
hermanos y los padres, los abuelos y los primos. Oyeron muchas quejas, muchos
rezongos; parecía que nadie se sentía feliz, que a nadie le gustaba la vida en
aquel país. Pero también fueron descubriendo que en casa cabeza había una idea,
un recuerdo, una propuesta.
-Yo sé dónde hay un vidrio que
tiene todos los colores guardados adentro. Solo hay que colocarlo a la luz, y
salen – decía uno.
-Cuando yo era chico, vi a mi
mamá preparando anilinas para teñir telas. Creo que todavía recuerdo cómo se
hace –comentaba otro.
-En el sótano tengo unos
libros guardados –decía otro en voz baja, misterioso.
-Si yo quisiera, podría
terminar con la oscuridad –se jactaba otro, muy orgulloso.
-Escuchen esto –anunciaba alguien.
-Tengo unos secretos que puedo
enseñarles –Prometía uno, más viejo.
-¿Recuerdan aquella canción
que cantábamos cuando éramos chicos? –invitaba uno, animado.
-Probemos… -sugería uno,
valiente.
-¿Vamos a fabricar estrellas? –proponía
un soñador.
Solo estas conversaciones ya
parecían una fiesta. Pero la verdad es que la fiesta todavía estaba por
comenzar. Con tanta conversación, tanta idea y tanta propuesta, empezó también
un enorme trabajo. En todas las casas había alguien preparando algo en algún
rincón, escondido en un armario, recluido en un cuarto, encerrado en un sótano
o un garaje.
Hasta que, al fin, un día en
que el sol asomaba por detrás de la humareda y las nubes grises, todo el mundo
empezó a salir de su casa, despacito, disimulando, como quien no quiere la
cosa, dejando todas sus tareas e interrumpiendo el trabajo para dirigirse al
mismo lugar: frente al palacio del Tirano. Él apareció enseguida, muy
espantado:
-¿Qué pasa ahí? ¿Qué es este
desbarajuste? Vayan ya mismo a trabajar…
La que respondió fue Jacira,
que estaba delante de todos:
-Vinimos a mostrarle una cosa
linda.

Metió una mano en el bolsillo
del uniforme y sacó de adentro un arco iris. Es decir, todavía no estaba listo.
Era solo un pedazo de cristal que le había regalado la abuela, un vidrio en
cuyo interior dormían todos los colores. Pero cuando el sol dio en el cristal,
fue despertando los reflejos coloridos que comenzaron a brotar de allí adentro.
Y antes de que al Tirano se le pasara el susto, en medio de todo aquel
rojo-naranja-amarillo-verde-azul-añil-violeta, Jacira fue sacándose el uniforme
grisáceo, igual al de todos los demás. Y abajo del uniforme estaba preciosa,
pintada con jugos de plantas y frutas silvestres, adornada con plumas de
papagayo y de loro, de tucán y pavo real, de cacatúa y faisán, que los abuelos
habían guardado durante todo ese tiempo, como un secreto bien escondido. Y el
resto de la familia distribuía entre la gente las pinturas que las fábricas no
fabricaban, pero que se encontraban en los rincones del campo. Violeta de moras
trituradas y púrpura de remolachas pisadas. Verde de hojas bien hervidas.
Amarillo de raíces machacadas. Rojo de cochinillas calentadas. Y cada uno iba
pintando las ropas, los muros, las paredes, las ventanas, todo lo que se le
cruzaba en el camino, y la ciudad iba quedando colorida, con muchos brillos
diferentes.
Cuando vio todo eso, el Tirano
se puso furioso. Empezó a dar órdenes y a gritar:
-¡Paren con esto, ya mismo!
¡Guardias! ¡Vengan inmediatamente! ¡Terminen con este desbarajuste!
Pero resultaba muy complicado.
Los guardias no podían ni oírlo, porque también iba llegando un barullo
tremendo de la plaza; no se podía oír al Tirano, por mucho que vociferara.
Esta vez era Totonho, que
había empezado con su parte, allá, del otro lado. Con tallos de hojas de
papayo, o con bambú, había hecho muchas flautas, junto con sus tíos y sus
primos. Ahora todos distribuían los instrumentos entre la gente. Y enseñaban:
-Sople por acá.
-Mire, tiene que sacudirlo así…
-Golpee acá, así.
Es que no solo había flautas.
También distribuían tapas de ollas; latas, cestas y calabazas llenas de
caracoles, arroz, semillas de diferentes tipos; cajas de fósforos; tenedores y
sartenes… En fin, todo lo que sirviera para soplar, tocar, agitar, hacer ritmo
y música. El que no tenía ningún instrumento lo inventaba en un instante.
Aplaudía. Silbaba. Hacía chasquear los dedos. Marcaba el ritmo con el pie en el
suelo. Y cuando todos estuvieron bien animados tocando y cantando, Totonho
comenzó una nueva forma de sacar una canción de su cuerpo: se bamboleaba de
pies a cabeza, se balanceaba con gracia, en un baile que iba despertando en
todos ganas de bailar también, de sacudir las caderas y los hombros, de menear
los brazos de un lado a otro, de mover los pies en el suelo y dar saltitos de
acá para allá.
El Tirano se puso más furioso
todavía. Gritó lo más alto que pudo:
-¡Esto está prohibido! ¡Voy a
castigarlos a todos! ¡Paren inmediatamente!
No sirvieron de nada sus
gritos. Nadie oía nada, nadie prestaba atención a nada que no fuera la hermosa
fiesta, los colores que se esparcían, la música que los llenaba, el cuerpo que
se alegraba.
Pero él pensó: “No importa;
este escándalo va a durar poco. Dentro de un rato va a oscurecer, y con el
toque de queda se termina todo.”
Pero no contaba con Isabel, ni
con el abuelo de Isabel, que había sido un verdadero fabricante de estrellas y
ahora enseñaba a su nieta todos los trucos. También ellos estaban esperando que
oscureciera.
Cuando por fin llegó la noche,
cuando yo ningún rayo de sol podía despertar el arco iris, la belleza fue
diferente. Comenzó a llover al revés. Una lluvia de luz, que primero subía muy
alto y después se derramaba, se abría en el cielo, iluminando, vertiéndose y
titilando. Formaba flores, fuentes, corría como una viborita, giraba como un
remolino, multiplicaba tantas estrellas en los brillos de allá arriba que los
que miraban hacia lo alto solo conseguían exclamar:
-¡Ahhhhh!
O, si no:
-¡Ohhhhh!
De pie, con el cuello
estirado, los que estaban en la plaza admiraban toda esa belleza que alumbraba
de estrellas las cabezas levantadas. Era una fiesta completa; todo el mundo
gritaba, se reía, jugaba, se divertía, con enorme alegría.
El Tirano todavía intentó
protestar:
-¿Pero qué diablos es esto?
Esta vez alguien llegó a
oírlo. Entonces Isabel trató de responder:
-Artes de abuelo… Dice que
estamos descubriendo la pólvora.
-¿Pólvora? –se espantó el
Tirano.
-Eso mismo, pólvora. Fuegos
artificiales.
Se usan para armar
espectáculos de estrellas en las fiestas. Pero también se los puede usar para
defenderse de la gente que no vale nada.
Ante todo esto, y por las
dudas, el Tirano creyó mejor aprovechar la oscuridad de la noche para
desaparecer. Según parece, hasta se cambió la ropa gris, llena de cintitas y
estrellas. Los colores y los brillos del país en fiesta eran demasiado fuertes
para él. Nunca más lo vieron por allí.
Dicen que anda recorriendo
otras tierras, buscando un rincón para volver a tiranizar. Por eso es bueno
mantener los ojos bien abiertos y no permitir que se apodere de la nuestra.
Sobre todo porque puede ser que ahora se haya vuelto más astuto.
Y entonces sería más difícil
librarse de un Tirano solo con un arco iris en el bolsillo, una canción en el
cuerpo y una lluvia de estrellas.

martes, 31 de julio de 2018
Poesías, cuentos y algunos que otros escritos de autoría propia, pasen y vean... Gracias
https://escritodelsur.blogspot.com/
domingo, 24 de septiembre de 2017
SURINAM ATACA de Jorge Accame
SURINAM ATACA
De Jorge Accame
Suriman (Delfor Mamaní, en su personalidad secreta)
Ayudante (Liquín, en su personalidad secreta)
Diputado Sánchez (Legislador ficticio)
Finquero
Carina Ester
Amiga
El familiar*
Un policía
Dos ladrones
Dos chicas
Un hombre
Dos ordenanzas
Una admiradora
Abuela
Inspector de la DGI
*El
familiar es una criatura mágica muy popular en el NOA. Se trata del diablo o de
un demonio con el que los dueños de los ingenios suelen hacer un pacto para que
sus empresas sean prósperas. A cambio, deben entregarle una víctima por año
para que la devore.
CUADRO
I
Personajes:
Hombre, dos ladrones, dos chicas, Suriman y el ayudante.
Juego
de luces y ruidos de alboroto. Sirenas, gritos.
En
off.-Hubo una época de
terror en la que el caos dominaba la ciudad. La política y la justicia se
ahogaban en un mar de corrupción. Los ciudadanos de buena voluntad no podían
hacer nada contra la delincuencia.
Pero
en aquellos crueles días, surgió de pronto un suspiro de libertad. Un hombre
con características extraordinarias que alivió la desesperación de la pobre
gente.
Entra
a escena en penumbra una persona. Por otro lado entras otras dos que asaltan a
mano armada a la primera. Se van encendiendo las luces.
Ladrón
1.-Largá
la guita, papá.
Hombre.- Sí,
señor. En seguida.
Ladrón
2.-
Y ese reloj.
Hombre.- Por
favor, es un recuerdo de mi abuelita.
Ladrón
2.-
¿Querés viajar a visitar a la abuelita?
Hombre.- No,
señor.
Ladrón
2.-
Entonces largá el reloj.
Hombre.- Sí,
señor.
Se ve
contra el telón la señal de Suriman. La suriseñal se hace contra el telón de
fondo, con una linterna y un plumero.
Entra
Suriman y su ayudante.
Ladrón
1.-
¿Y eso?
Ladrón
2.-
Qué horrible.
Suriman.-
Caballeros, suelten a ese hombre y devuélvanle sus pertenencias. Soy Suriman,
superhéroe local, y este es mi ayudante.
Ladrón
1.-
Desaparecé, infelí, o te hacemo fleco.
Suriman.-Ayudante,
parece que los caballero no entienden el castellano.
Ayudante.-
Zuriman, probemo en otro idioma.
Suriman.- No ve
esa atitú bestial, eso rostro deformado por el odio. El único idioma que
comprenden estos señores es el de la violencia. ¡Hay que darles una lesión!
Ayudante.- Ya
tengo mucha lesione, Zuriman. Ez la quinta pelea del día.
Suriman.- No
tenemo occión. Ayudante.
Dondequiera que impere la maldad y la corrupción, donde
haya un pobre que sufra la injusticia, allí estará Suriman para paliar sus
necesidade.
Ayudante.-
Ultimamente, loz apaliado zomo nosotros, jefe.
Suriman.- A
ellos, ayudante-
Comienzan
a pelear. Mientras pelean, pasan dos chicas sonrientes en traje de baño con
carteles que dicen PUM, PASH, CRASH, TRACK, CHURDILA, PIM PIM.
La
música que acompaña es la de Batman.
Ladrón
1
(se detiene).- ¿Cómo? ¿No tenés
música propia?
Suriman.- Soy
un superhéroe pobre pero digno, caballero. Jaime Torres me ha prometido un
carnavalito heroico para mi debut, y se ha demorado un poco, porque se ha ido a
Buenos Aires.
Pelean.
Suriman usa el Suriplumero con dispositivo de paraguas y los vence. Final con
música de triunfo. Puede ser un Gloria. Consuelan al hombre asaltado, lo sacuden
con movimientos rápidos a lo Chaplin y llevan a los ladrones a la policía.
CUADRO
II
Personajes:
Finquero y Diputado Sánchez.
Entran
Finquero y Diputado Sánchez.
Finquero.- Es
como yo le digo, diputado, creo que es un asunto en el que todos podemos beneficiarnos.
Diputado
Sánchez.- A ver si lo he interpretado bien, mi amigo. Ud. Quiere
vendernos 1.249.333 litros de leche de su campo.
Finquero.- A
precio muy razonable, diputado.
Diputado.- ¿Y
qué destino piensa Ud. Que nuestro partido podría darle a tanta leche?
Finquero.- Pero
diputado, se acerca la campaña política ¿o no? Ya se les ocurrirá algo
creativo.
Diputado.- ¿Y
cuánto dice que me costarían el mollón doscientos cuarenta y nueve mil
trescientos treinta y tres litros de leche? (Finquero
se le acerca al oído y le dice un precio). Ah, muy razonable, ¿Y no habrá
previsto algo, digamos, para mis gastos de representación?
Finquero.- Pero
por supuesto, diputado. (se le acerca al
oído y le dice una cifra).
Diputado.- Eso
es muy razonable. Creo que podremos hacer buenos negocios.
Finquero.- Ah, diputado, una
última cosa, antes de irme. Es una tontería casi sin importancia, pero por
honestidad, para que quede todo claro entre nosotros, debo informarle algo
sobre las vacas.
Diputado.- ¿Las
vacas? ¿Qué vacas?
Finquero.- Las
del 1.249.333 litros de leche.
Diputado.- Ah,
vacas. Noble animal la vaca que nos da la leche.
Finquero.- Noble
animal. Ud. Lo ha dicho, diputado. Solo que estas vacas, las de mi campo… es
tan tonto que casi me da risa decirlo…
Diputado.- Lo
escucho, mi amigo.
Finquero.-
Bueno, resulta que mi campo está en Neuquén, sabe. Y justo allí han puesto ese
basurero nuclear. Ud. Sabrá. Esas cosas de los países del primer mundo.
Diputado.-
Comprendo.
Finquero.- No
son mala gente. Es sólo que ellos ya no tienen sitio para la basura nuclear y
necesitan que otros les presten unas hectáreas de su territorio. Eso es todo.
Diputado.-
Comprendo. ¿El gobierno habrá recibido alguna compensación por cederles un
sitio adecuado…?
Finquero.- Pero
claro, mi estimado, dicen que fueron… (se acerca al oído y le dice una cifra)
Diputado.- ¡No
me diga! Son muy razonables.
Finquero.- Es
gente con la que se puede hablar…
Diputado.-
Bueno, volviendo al tema. Me explicaba algo de sus vacas.
Finquero.- Es
cierto. Bueno, existe la posibilidad de que algunas de mis vacas hayan pastado
cerca del basurero nuclear. No es seguro, claro. Pero Ud. Sabe, si llegara a
oídos de la Salud Pública o de alguno de esos grupos de ecologistas que están
de moda, podrían aparecer personas que quieran fastidiar y terminarían
arruinándonos el negocio…
Diputado.- Ud.
Quiere decirme que la leche podría estar mala.
Finquero.- Unos
litros quizá- U ni siquiera es seguro. Improbable diría yo, porque ud. Ha
visto, difícil que una vaca vaya justo a meterse en un basurero nuclear. Son
animales, y en los animales el instinto funciona.
Diputado.- Ni
más ni menos, mi amigo. Y la vaca tiene un fuerte instinto. Y en el supuesto
caso, hipotético, claro, de que algún litro de leche no estuviera en óptimas
condiciones… ¿Qué consecuencias traería a quien lo tomara?
Finquero.- En
ese supuestísimo caso… ¿Quién sabe? No hay nada comprobado. Gracias a Dios y a
la Virgen en nuestro país nunca tuvimos experiencias nucleares. Algunos dicen
que producen mutaciones en los organismos vivientes, pero que quiere que le
diga, yo nunca he visto.
Diputado.- ¿Y
cómo serían esas mutaciones?
Finquero.-
Pescados con patas, gallinas con brazos, vacas con alas, hombres con tres ojos,
niños con ocho dedos en cada mano, mujeres con cuatro pechos…
Diputado.-
¿Mujeres con cuatro pechos? Interesante. Pero está en lo cierto, mi amigo, es
un discurso tan ridículo que hasta casi suela subersivo.
Finquero.-
Igualmente, creo que conviene ser discreto.
Diputado.- No se
preocupe. Ud. Traiga la leche, nomás. Nosotros en la campaña la donaremos a los
hogares de niños huérfanos, que bien contentos que se van a poner.
Finquero.-
Diputado, es Ud. Una persona muy razonable.
Diputado.- Una
última cuestión, colega. ¿Puedo llamarlo colega? Dígame en confianza ¿Qué
posibilidades habría de contactarse con esos países del basurero nuclear? ¿Sabe
por qué le digo? Yo tengo una finquita aquí cerca que casi no uso…
Finquero.- ¿Ud.
Dice para poner un basurero aquí en Jujuy?
Diputado.- Uno
chico, chiquito, la finca no es muy extensa. Pero el tabaco ya no da como
antes, y hay que mirar hacia el futuro.
Finquero.- Tiene
razón, diputado. ¡Progresista, al fin!
Diputado.- Los
tiempos cambian, uno debe cambiar para sobrevivir.
Finquero.- Ni
una palabra más. Yo le hago el contacto con la compañía productora de basura
nuclear.
Diputado.- Le
voy a agradecer.
Finquero.- El
agradecido soy yo.
Diputado.- Creo
que hemos concertado un trato muy razonable. Ha sido un placer.
Finquero.- ¿Me
aceptaría un café?
Diputado.- Si
permite que yo pague.
Finquero.- Yo
pago el próximo, diputado Sánchez. (Salen).
CUADRO
III
Personajes:
Delfor Mamaní (Suriman) y Liquín (el ayudante)
Ayudante.- (En su quiosco) ¡Prebuno, Prebuno!
Graziaz, señor. Prebuno! Aquí tiene, caballero. Zu vuelto. (Aparece suriman, disimuladamente se acerca y le compra un diario)
Tengo información urgente. (En voz alta) ¡Prebuno!
Suriman.-
Dígame, don Liquín. ¿Un asalto? ¿Un asesinato? ¿Un incesto?
Ayudante.- El
diputado Zánchez anda en negozioz turbioz. ¡Prebuno!
Suriman.- ¿Cómo
se enteró?
Ayudante.- Tengo
miz contactoz.
Suriman.-
¿Quién es Sánchez? ¿Ese al que le dicen “Asistencia perfecta”?
Ayudante.- ¿Por
qué “Azistencia perfecta”?
Suriman.-
Porque vino el lunes, vino el martes, vino el miércoles, vino el jueves…
Ayudante.- No,
no, ezte es uno que siempre viene por acá a mirar las reviztaz. Alto, pero no
mucho. Flaco, maz o menos. A vezez uza anteojoz, a vezez no. Con una cara que
no dize nada ezpezial.
Suriman.- Con
esos datos, Liquín…
Ayudante.-
Barbita en punta, tiene como doz chichonez en la frente que ze tapa con el
flequillo poztizo.
Suriman.-
¡Ayudante!
Ayudante.- Zí,
jefe.
Suriman.- Ya sé
quién es este Sánchez. Es uno que siempre anda por los ingenios azucareros. La
otra vez salió en el diario con el dueño del ingenio, porque la policía los
estaba investigando.
Ayudante.- ¿Por?
Suriman.-
Parece que habían desaparecido algunos peones.
Ayudante.- Ay ay
ay. Don zuri.
Suriman.- No me
diga así. No ve que estoy en mi personalidá secreta. Soy Delfor Mamaní. ¿Qué
pasa?
Ayudante.- No
será que el diputado Zánchez ez el diablo disfrazao.
Suriman.-
¿Usted cree?
Ayudante.-
Atiéndame una reflezión, Don Delfor, escuche: Zánchez anduvo metido en los
ingenioz. Lo estuvieron investigando porque desaparezían los obrero. Zeguro que
ez el demonio que andaba haciendo pacto con lo dueño de lo ingenio. Lo dueño le
daban hombre para que alimentara al Familiar y él hazía que le fuera bien en la
cosecha. ¿Qué le pareze todo ezo?
Suriman.- ¡El
familiar! Ese engendro con forma de víbora y cabeza de perro que devora peones
desamparados. Típica maniobra de Satanás. Ayudante, tengo miedo.
Suriman
y el Ayudante se abrazan. Apagón.
CUADRO
IV
Personajes.-
Carina Ester y amiga, Mamaní Suriman y Liquí Ayudante.
Entran
Carina Ester y una amiga.
Amiga.- Ay,
Carina, vos sí que tenés suerte.
Carina.- ¿Por?
Amiga.- ¿Cómo
por? ¿Cómo por? Suriman está muerto de amor a tus pies.
Carina.- Mirá,
por favor, no me hablés de ese tipo.
Amiga.- Ay,
es tan buen mozo.
Carina.-¿Buen
mozo?
Amiga.-
¡Potro! ¡Avestruz! ¡Plumero para techos altos!
Carina.-
Callate. Es horrible.
Amiga.- Ay,
Carina, es un superhéroe y las mujeres tenemo que enamorarnos de lo superhéroe.
Si no, se van a otra parte donde los traten mejor. ¿No te das cuenta? El primer
superhéroe regional en carne y hueso. Y está enamorado de vos.
Carina.- Todos
estos están cortado por la misma tijera. Son tipo peligroso, la jugan de bueno
pero en el fondo están con el gobierno.
Amiga.-
Suriman es distinto. Me lo dice el corazón.
Carina.- Te lo
regalo. Yo estoy enamorada de un auténtico hombre. Lo veo y me hace hace vibrar
todo el cuerpo. Siento por acá una cosa que me sube y me llega… y me hace…
bueno (disimulando), vamo a la feria… no quiero llegar tarde.
Amiga.-
¿Quién es?
Carina.-
¿Quién es quién?
Amiga.- El
amor de tu vida.
Carina.-
Delfor. Delfor Mamaní.
Amiga.-
¿Delfor Mamaní? ¿El ordenanza del ministerio?
Carina.- Sí.
Amiga.-
¿Categoría tres?
Carina.- Seis.
Amiga.- Ay,
Carina. Cómo vas a preferir a Delfor Mamaní antes que a suriman? Suriman es un
superhéroe.
Carina.- Así
soy yo: realista. Mirá, mirá, ahí está conversando con su amigo Liquín.
Amiga.- Esos
dos siempre están juntos.
Carina.- Vení,
vení. Vamos, pasemos disimuladamente, a ver si nos dicen algo.
Amiga.- Pero
yo no quiero… (Carina la arrastra y salen)
Entran
Suriman y ayudante.
Suriman.-
Entonces, ¿Cómo es eso?
Ayudante.- Pero
don Mamaní, ze lo acabo de ezplicar.
Suriman.-
Explicámelo otra vez.
Ayudante.- ¿De
nuevo?
Suriman.- Sí,
es que quiero fijar bien los detalles.
Ayudante.- Bue…
El diputado Zánchez y un finquero del sur han hecho un trato. ¿Hasta ahí
comprende?
Suriman.- Sí.
Ayudante.- El
finquero le vende al partido de Zánchez 1.249.333 litros de leche muy barata y
el partido la uza para zu campaña electoral. ¿Vamoz bien?
Suriman.-
(Anota) 1.249.333 litros, barata, para campaña. Sí, comprendido.
Ayudante.- Ahora
viene lo jodido. La leche está contaminada.
Suriman.-
(Anota) Eztá contaminada… perdón, está contaminada. Listo.
Ayudante.- Ya
está.
Suriman.- ¿Eso
es todo?
Ayudante.- Todo
¿Entendió?
Suriman.- (Lo mira
atentamente) No. ¿Por qué le vende leche contaminada? ¿Por qué no le vende
leche buena? ¿Por qué los políticos y los ricos tienen esa maña de ser los
malos en todas las películas?
Ayudante.- Y en
las obras de teatro
Suriman.- ¿Y en
las obras de teatro?
Ayudante.-
Porque hay mucha plata en juego. ¿Entiende?
Pasan
a Carina Ester y su amiga, coqueteando. Suriman se queda mirándolas. Ayudante
no se da cuenta.
Suriman.- Sí ¿A
qué juegan?
Ayudante.- No,
no juegan, don Mamaní
Suriman.-
¿Entonces? Hábleme claro, don Liquín, usted me confunde.
Ayudante.- Ez
una manera de decir, don Délfor.
Suriman.- Una
manera de decir muy confusa, si me permite.
Ayudante.- La
leche está contaminada porque laz vacaz del finquero paztaron cerca de un
basurero nuclear.
Suriman.- Ve,
don Liquín, que es como yo le digo. Qué necesidad había de llevar a esas vacas
a pastar cerca de un basurero nuclear? Ganas de hacer daño nomás.
Ayudante.- No. No, llas vacaz ya estaban allá. Zon vacaz
oriundaz de la Patagonia.
Suriman.-
Ajajá. Vacas foráneas. Voy comprendiendo. Esto tiene que ver con el contrabando
¿no?
Ayudante.- Ay,
dioz. No, don Mamaní. No hay contrabando de la Patagonia a Jujuy. Vea, como la
leche está envenenada la venden barata y el partido de Zánchez la va a comprar
para regalarla. Azí la gente loz va a votar y ellos van a ganar laz eleccionez.
Suriman.- Yo no
los voy a votar. No entiendo nada, pero no los voy a votar ni acá.
Vuelven
a pasar Carina Ester y su amiga.
Ayudante.- Usté,
no. Pero mucha gente que ha sido engañada, zí.
Suriman.-
¿Quién ha engañado a la gente?
Ayudante.-
Zánchez, don Mamaní, el diablo.
Suriman.-
¿Podría decirse que zánchez, es decir Sánchez, Satanás, para hablar sin rodeos,
es el malo de la historia?
Ayudante.- Algo
azí.
Suriman.- Ahora
entiendo. Habiendo individualizado al malo, está todo claro. Es preciso actuar.
¿A quién van a regalarle la leche envenenada estos buscas?
Ayudante.- Al
azilo de huerfanitoz.
Suriman.-
¡¡¡¡Al asilo de huerfanitos!!! Eso es terrible. Tres de los internados son
hijos míos.
Ayudante.- ¿Qué
vamos a hazer, don Délfor?
Suriman.- No sé
qué piensa usté, don Liquín, pero creo que esta es una misión para Suriman y…
Ayudante.-… Zu
ayudante.
Suriman.-
Dondequiera que la injusticia…
Ayudante.- Don
Mamaní, tenemos que apurarnoz.
Suriman.-… y el
mal acongojen a un pueblo acongojado…
Ayudante.- Don
Mamaní…
Suriman.- Donde
la corrupción oprima la dignidad de los trabajadores…
Ayudante.- (Saca
un cartel del quiosco y tapa a Suriman. El cartel dice: Etzetera. Tanda
comercial) Apagón.
CUADRO
V
Personajes:
Suriman y el Ayudante; dos Ordenanzas, Admiradora, Abuela e Inspector de la
DGI.
En
off: Nadie podría sospechar que en un basural cercano, hediondo de
desperdicios, se halla el Suricaño, la guarida secreta de nuestros héroes.
Allí, los dos elaboran un plan para enfrentar a Satanás, quien ha tomado la
forma del diputado Sánchez, y en estrecha colaboración con el Familiar, traman
otra maldad en contra del pueblo jujeño.
Suliman
y el ayudante, jugando a las cartas.
Suriman.-
Envido.
Ayudante.- No
quiero.
Suriman.-
Truco.
Ayudante.- No
quiero.
Suriman.-
Ayudante ¿Para qué juega?
Ayudante- Ez
que vengo de una familia conserva, don zuri.
Suriman.- Así
nunca va a llegar a tener una guarida propia. Hay que arriesgarse un poco. ¿No
quiere independizarse algún día? ¿Ser un superhéroe cuentapropista?
Ayudante.-
Prefiero la relación de dependenciam jefe. No tengo iniciativa. ¿No ve que
todavía ni siquiera me he puesto un nombre? Otros lo gestionan en seguida: mire
el cazo de Robin, por ejemplo. Yo zoy sólo el ayudante de zuriman.
Suriman.- Hay
que buscarle un nombre.
Ayudante.- Otro
día, don Zuri. Ahora estoy deprimido.
Suriman.- ¿Por
qué?
Ayudante.-
Porque va ganando en el truco.
Suriman.-
También Ud. Si siempre dice “no quiero”.
Ayudante.- Ez
que no quiero, jefe ¿Qué quiere que diga? No tengo carta.
Suriman.- El
truco es un juego de mentirosos. Gana el que mejor miente, no el que tiene
mejores cartas.
Ayudante.- Ezo
ez como la política. Y yo en política no me meto. No ez honesto, don Zuri.
Suriman.- ¿A
qué otra cosa le gustaría jugar?
Ayudante.- A
nada, jefe. Eztoy bajoneado.
Suriman.-
Anímese, ayudante ¿Un partido de loba? ¿Generala? ¿Futbol?
Ayudante.- ¿Zabe
que me animaría? Que me contara…
Suriman.-
(presiente algo) ¿Qué?
Ayudante.- Ud.
Ya zabe…
Suriman.- (Se hace
el desentendido) No comprendo…
Ayudante.-
Cuénteme cómo se convirtió en Zuriman.
Suriman.-
Ayudante, ud. Sabe que ese es un secreto que he jurado no decir jamás a nadie.
El origen de suriman morirá conmigo.
Ayudante.- Déle,
don Zuri, cuente.
Suriman.-
Bueno, está bien. Sucedió un día cualquiera, en una oficina cualquiera, a un
hombre cualquiera. Yo estaba trabajando aquella mañana. Había una gran
tormenta… (Se oscurecen Ayudante y Suriman y se ilumina otra parte de la escena
donde aparece Suriman plumereando una oficina. Ruidos de tormenta afuera. Cae
un rayo. Oscuridad. Cuando vuelve la luz se lo ve a Suriman gris y con unas
plumas en la boca. Se oyen voces afuera: -Che, qué fue eso. –No sé, pa”mi que
reventó la oficina del jefe. –Dios te oiga, hermano. Entran con cuidado y
descubren a Suriman en la penumbra, rígido.)
Ordenanza
1.-
Papá de Dios ¿Qué e?
Ordenanza2.- No sé
¿Una estatua?
Ordenanza1.- El
monumento al plumero
Ordenanza
2.-
¡Guarda! Pestañea.
Ordenanza
1.-
Está vivo el loco.
Ordenanza2.- ¿Pa qué
tendrá esto acá el jefe?
Ordenanza1.-
Pisapele.
Suriman.- Ay
Ordenanza2.- Oíste
Suriman.- Ay,
ay, ay.
Ordenanza
1.-
Cacarea. Es una gallina. Enorme.
Ordenanza
2.-
Son eso alimento raro que le dan.
(Surinam empieza a sacudirse)
Ordenanza
1.-
¿Será peligroso?
Ordenanza2.- (se
aleja y lo mira detenidamente)
Ordenanza1.- Es un
suri.
Ordenanza
2.-
Es un tipo.
Ordenanza
1.-
¿No le ve las pata y la pluma? E un ñandú, papá.
Ordenanza
2.-E
persona.
Ordenanza
1.-
¿Con esa cara i bicho?
Ordenanza
2.-
Mirá lo brazo. E un tipo.
Ordenanza
1.-
Son la ala.
Ordenanza
2.-
Mirá la narí.
Ordenanza
1.-
Eso e pico.
Ordenanza
2.-¿Che,
no será de eso coso de otro planeta?
Ordenanza
1.-
¿Un ocni?
Ordenanza
2.-
No, lo que viaja adentro.
Ordenanza1.- Un
ETE
(Se
asustan. Vuelven a acercarse. Lo miran, lo tocan.
Surinam
va despertando. Se despereza.)
Surinam.- Hola,
chango. ¿Qué paso?
(Ordenanza
1 y 2 vuelven a apartarse)
Ordenanza
1.-
Habla
Ordenanza2.-
¿Usted ser marciano?
Surinam.- ¿Qué
les pasa, muchachos?
Ordenanza
1.-
Confianzudo.
Surinam.-
Lopecito… Soruco… ¿Qué pasa?
Ordenanza
2.-
Saben nuestros nombres.
Ordenanza
1.-
Tienen poderes extrasentimentale.
Ordenanza
2.-
Che, no será uno de eso superhéroe de la historieta.
Ordenanza
1.-
Como Superman o Barman… No, eso solo esisten en estado unido, en paise rico.
Ordenanza
2.-
¿che, y no habrán mandado uno pa acá? Capáz que les dio lástima.
Ordenanza1.- ¿Vo
decí?
Ordenanza
2.-
Pa que nos ayude. Habrán visto que siempre se atrazan con lo sueldo. Que no nos
aumentan, que no nos quieren pagar lo que nos deben.
Ordenanza1.- Tené
razón. Por lo político corruto… ¡Por el cólera! Ahí ta, lo mandaron por el
cólera.
Ordenanza
2.-
Sí, será pa desgracia y problemas en general.
Ordenanza
1.-
Churdi. Un superhéroe argentino.
Ordenanza
2.-
Sí, y lo mandaron directamente pacá. Que suerte que tenemo.
Ordenanza
1.-
¿Dónde queré que lo manden? A esto coso los mandan a lugares donde lo problema
no lo arregla nadie.
Ordenanza2.- ¿Cómo
se llamará?
Ordenanza1.- No
sé, parece avestrú.
Ordenanza
2.-
Ya tá: Surinam.
Ordenanza
1.-
Surinam.
Se
oscurecen 1 y 2, Surinam se aparta.
Surinam.- Y me
quedó Surinam, nomas.
Se
ilumina la escena. Quedan otra vez solos Surinam y ayudante.
Ayudante.- Pero
Don Delfor ¿Ud. Quería zer zuperhéroe?
Surinam.-
¿Superhéroe? ¿Yo? No. ¿Pero qué podía hacer? No iba desilucionarlos. Y después,
ya me acostumbré. Uno se acostumbra a todo. A la pobreza, a la humillación, y
también a ser superhéroe.
Ayudante.- Que
va a hazé Donde Delfo. Azí ez la vida.
Surinam.- Pero
la verdad es que a veces me siento cansado. A vece siento gana de colgar la
capa.
Ayudante.-
Cualquier trabajo cansa, Don Delfo. Pero Ud. Debería tener una amada. Todoz loz
superhéroes tienen una mujer que ze muere por elloz.
Surinam.- Tengo
una, ayudante.
Ayudante.- ¿En
zerio? Cuente, Zuriman. ¿Cómo ze llama?
Suriman.- Se
llama Karina Ester.
Ayudante.-
¿Karina Ezter? ¡Guá, qué nombre!
Suriman.-
Karina Essster.
Ayudante.- Por
ezo: Karina Ezzzter.
Suriman.-
(Soñador) Karina, con k, ayudante.
Ayudante.-
Mejor, más fino. Porque Carina con C es razca.
Suriman.-
Karina Ester. Suena bien ¿No? Ester, con Y griega.
Ayudante.- Qué
hermoso nombre para la chica del superhéroe.
Suriman.- Sí.
El problema es que no me quiere.
Ayudante.- ¿Por
qué, don Zuriman?
Suriman.-
Porque está enamorada de otro.
Ayudante.-
Ingrata, ¿Quién ez el afortunado?
Suriman.-
Delfor Mamaní.
Ayudante.-
¿Delfor Mamaní? Pero zi Delfor Mamaní ez ud. Mismo en zu personalidá secreta.
Suriman.- Así
es, ayudante.
Ayudante.-
Entonze, eztá arreglado.
Suriman.- No es
tan fácil. Desde que cayó aquel rayo, estoy partido en dos. Una mitad mía es
ordenanza, la otra es superhéroe. Necesito que Karina Ester ame a las dos.
Ayudante.- Tiene
razón, don Zuri. Todo o nada. Duro con laz pretensiosaz.
Suriman.- Lo
que pasa es que el trabajo es pesado. Y me haría falta una mujer que me haga
compañía. Karina Ester es tan, es tan… está tan fuerte, ayudante, que yo siento
a vece que no puedo más. Necesito su apoyo, ayudante.
Ayudante.-
Entonze, tranze como Delfor Mamaní, Zuriman. Cuando la presión del trabajo ez
mucha…
Suriman.- Es
que de 7 a 13 soy ordenanza. Y en el resto del día, trabajo de superhéroe. Y
nadie me paga las horas extra.
Se
oscurece ayudante. Se ilumina un escritorio en el otro costado y Suriman toma
asiento y empieza a mirar unos papeles. Lee cartas:
“Querido Suriman. Necesito su ayuda. El que le dije me
engaña. Venga pronto. Estoy sola todos los días.
María Julia” Pobre mujer. Voy a tener que hacerme un
tiempito para ir a verla. Dondequiera que impere la injusticia y el desamor,
allí estará Suriman para… (Entra una admiradora)
Admiradora.-
Buenos días.
Suriman.- Buen
día, señora
Admiradora.-
Disculpe, ¿Este es el Suricaño?
Suriman.- Sí,
señora.
Admiradora.- ¿Se
puede visitar?
Suriman.-
Bueno, la verdad… no. Es secreto.
Admiradora.- Yo
vine porque me dijeron que ya había visitas guiadas.
Suriman.- Le
han informado mal.
Admiradora.- Ay,
es que yo me vine especialmente… ¿Tienen pensado abrir próximamente?
Suriman.- Quizá
más adelante… Lo que pasa es que yo todavía estoy en funciones.
Admiradora.- ¿El
señor es…?
Suriman.-
Suriman, encantado.
Admiradora.- ¿Ud.
Es Suriman?
Suriman.-Sí…
Admiradora.- Ay,
encantada. Yo soy turista. Mire, Don Suriman. Estoy de paso por la provincia.
Ya he visto todos los museos que tienen por acá, he comprado postales y un
libro de regionalismos. Los único que me faltaría es el Suricaño. ¿No me
dejaría echar una miradita? Dos minutos.
Suriman.-
Bueno, si es así. Pero rápido, ¿no?
Admiradora.- Un
millón de gracias.
Suriman.-
Señora… sin fotos, por favor.
Admiradora.- Ay…
señorita.
Entra
una anciana, con un gato en la mano.
Abuela.- ¿Ud.
Es Suriman?
Suriman.- Sí,
abuela.
La
turista saca fotos aprovechando que Suriman no la ve.
Abuela.- ¿Qué
hace que no viene cuando se lo necesita?
Suriman.- ¿Por
qué? (Levantándose) ¿Qué pasa?
Abuela.- Nada.
Ahora ya está.
Suriman.- ¿Qué?
Hable, abuela, ¿Qué pasó?
Abuela.- Que
mi gato se había subido a un árbol.
Suriman.- ¿Y?
Abuela.- que
no podía bajarse.
Suriman.-Típica
escena para que un superhéroe demuestre su sensibilidá.
Abuela.- ¿Y
ud. Qué hacía? Estábamo meta llamarlo, para que ayudara al gato.
Suriman.- (Se
fija en el teléfono) Capá que me han cortado el Suricom.
Abuela.-
Mentira. Es fácil echarle la culpa a la privatización. Lo que pasa es que yo lo
vi, usted estaba afilando con esa señora.
Admiradora.-
Señorita.
Suriman.- Pero,
abuela, la señorita es turista. Está visitando el Suricaño. Vamo, la ayudo
ahora.
Abuela.- Ahora
ya no lo necesito. No ve que el gato bajó solo? En qué va a ayudar.
Admiradora.- Don
Suriman ¿Me firmaría un autógrafo? Aquí abajo. Con cariño para Estela. Eso.
Suriman.- La
próxima vez, abuela, le prometo…
Abuela.- La
próxima vez llamo a otra empresa. No sé para qué se meten a superhéroes, si no
tienen vocación. Vergüenza (sale)
Entra
un Inspector con un portafolios.
Inspector.-
Buenas.
Suriman.- Si,
señor.
Inspector.- ¿Este
es el domicilio de Suriman?
Suriman.-Sí.
Inspector.- Vengo
hacerle una inspección, de la DGI ¿Cuál es su número de CUIT?
Suriman.-No sé.
Inspector.- ¿Cómo
no sabe? ¿Habilitación?
Suriman.-¿Qué?
Inspector.-¿Paga
ingresos brutos?
Suriman.-Perdón
¿Los superhéroes pagan…?
Inspector.- Todo
el mundo paga, señor.
Suriman.- Pero
yo tenía entendido que los artistas y los superhéroes no pag…
Inspector.- Ud.
Pague lo mismo. En todo caso, después pida la exensión. Llene estos papeles por
triplicado. Le doy hasta mañana para que cumplimente los trámites que le
faltan. Buenos días. (sale)
Admiradora.- (Le
saca una foto a Suriman) Chau, papito, gracias. (sale).
Suriman
se levanta y va hasta donde está su ayudante. Se oscurece el escritorio y se
ilumina el ayudante.
Ayudante.- ¿Y
pagó, don Zuri?
Suriman.-Todos
los meses pago. Y eso que no lo tengo declarado a Ud. Como ayudante, porque si
no me harían pagar el doble.
Ayudante.-
¿Quiere decir que zoy ilegal, don zuri?
Suriman.- Me
parece que nací en mala época. Los superhéroes son cosas del pasado.
Ayudante.- Ez
que a esto paíse todo llega tarde.
Suriman.- Ya
nadie cree en los Reyes Magos.
Ayudante.- Pero
igual todo el mundo lez escribe cartaz, don Zuri.
Suriman.- El
mundo es contradictorio.
Ayudante.-
Anímeze, jefe. Que aunque no zeamo héroe de primer mundo, tenemo una misión que
noz ennoblece. Pienze en lo huerfanito tomando eza leche contaminada. Hay que
impedir que la leche llegue al río, como dizen.
Suriman.-Así e,
ayudante. Debemo perfeccionar nuestra arma química para vencer al mal. No hay
que olvidarse que nos enfrentamos al mismo diablo, o sea, el propio familiar.
Traiga lo ingrediente.
Ayudante.- Zí,
señor. Azí ze habla. (Ayudante va trayendo harina, agua, huevo, etc… y pone
todo en una mesa, mientras se escucha música y Suriman hace algunas posiciones
heroicas.)
Suriman.- A
trabajar.
Ayudante.-
¿Tiene la rezeta de la curandera, Don Zuri?
Suriman.-
(Busca en el bolsillo) Aquí está. Vaya pasándome. Harina. Agua. Un rosario
bendecido. Huevo. Una lata de mote. (Ayudante le alcanza las cosas y va
mezclando y enchastrando todo) ya está todo listo. Ahora hace falta un cuchillo
en forma de cruz.
Ayudante.- ¿Zerá
lo mismo el zuri plumero?
Suriman.-
Tráigalo nomás. Le pongamos un coso acá para que parezca crucifijo.
Ayudante.- ¿Y
ahora?
Suriman.- Hay
que meterle al arma el esperimento que hicimo.
Ayudante.- ¿No
será demasiado, don Zuri?
Suriman.-Ayudante,
estamos combatiendo contra Satanás y sucursales.
Ayudante.- Tiene
razón, don Zuri.
Suriman.- Que
sea lo que Dios quiera (Se persigna y comienza a untar el engrudo sobre el
plumero. Apagón.)
CUADRO
VI
Personajes:
Suriman, Ayudante, Diputado Sánchez, finquero, Familiar, una chica, Carina
Ester, un policía, dos agentes del gobierno.
Entran
Diputado Sánchez y finquero.
Sánchez.-
Bueno, mi amigo, aquí está el hogar de huérfanos.
Finquero.- Ah,
sí. Y allí viene el camión con la leche.
Sánchez.- Y
aquí está el cheque, según lo convenido.
Finquero.- Muy
bien, diputado. Ha sido un gusto tratar con ud.
Sánchez.- Ya
sabe, si me averigua la dirección de los fabricantes de basura nucler, se lo
voy a agradecer.
Finquero.- A mas
tardar la semana que viene le mando todos los informes.
Sánchez.- Nos
despedimos acá, caballero. Yo voy a entrar al asilo para hacer efectiva la
donación en nombre de mi partido. (Aparte) Y en mi nombre, especialmente.
Finquero.- Hasta
pronto. Saludos a su familia.
Sánchez.-
Igualmente. (Se dan la mano. Finquero sale.) Muy bien, vamos a darle la alegría
a los huerfanitos.
Aparecen
Suriman y el ayudante.
Suriman.- Alto
ahí, Satanás.
Sánchez.-
¡Suriman!
Suriman.-
Estamos enterados de tus siniestros planes, demonio. No te saldrás con la tuya.
Deberías avergonzarte: jugar con la salú de unos pobres huérfanitos.
Sánchez.- Tengo
que acabar con él. Sino, esto puede complicarse. ¡Familiar! ¡Familiar!
Ayudante.- Eztá
pidiendo ayuda, don Zuri.
Suriman.-Menos
mal que está ud. Para avisarme.
Sánchez.-
¡Familiar! ¡Familiar! ¿Dónde se habrá metido?
Suriman.-Ojalá
esté ocupado.
Ayudante.- Ze
habrá quedado enzerrado en algún zotano.
Aparece
el familiar, es una víbora gigante con cabeza de perro.
Suriman.-A la…
con la lombriz.
Sánchez.- Ahora
vas a ver lo que le pasa a quien me desafía. Familiar, a él.
Ayudante.- Duro
con el viborón, don Zuriman.
Suriman.- ¿Esta
unca es familiar suyo, Sánchez? ¿No habrá estado tomando la leche contaminada?
Dígame qué es ¿Primo o prima?
Sánchez.- No es
tucumano, si querés saberlo, superhéroe del subdesarrollo.
Ayudante.- (Se
acerca al viborón y lo mira, luego se acerca a Sanchez y lo mira también) Tiene
zus mizmoz ojoz dezpiadado, don Zanchez.
Sanchez.- (A
Suriman) Peleá como un hombre, avestruz. Yo te voy a dar, venir a arruinarme un
ilícito.
Ayudante.-
¿Tiene todo, don Zuriman?
Suriman.- Sí, Rosario
bendecido, plumero en cruz, miedo.
Ayudante.-
¿Miedo? No puede tener miedo, don zuri. Acuérdeze que una de las condizionez
para venzer al diablo e no tener miedo. Deje el miedo acá.
Suriman.-
bueno, tome. Pero cuidemeló bien.
Suena
un timbre. Pasa una chica en malla, con un cartel que dice “Primer round”. Los
dos, el familiar y Suriman,
van al medio como si fuera un ring.
Sánchez.-
Vamos, familiar, golpée bajo.
Ayudante.- No lo
eztropee demasiado, Don Zuriman. Azi lo llevamos al Bermejo y lo uzamos de
carnada.
Se
trenzan en una pelea. Hay gritos. Apagón. Cuando vuelve la luz, Suriman está
aplastado por el familiar. Se apaga la luz, al encenderse están en otra
posición. Así varias veces.
Ayudante.-
Póngale el plumero en cruz sobre la frente, don zuriman. Rézele un avemaría.
Déle con el crucifijo en el bajo vientre.
Suriman
le muestra el plumero que tiene forma de cruz y el Familiar retrocede, hasta
que cae vencido. Sánchez intenta escapar.
Suriman.-
(Agarrándolo)
Venga para acá. Ud. No se va. Tiene mucho que explicarle a la justicia.
Entra
un policía y se lleva a Sánchez y al Familiar.
Policia.-
Caminá vos, basura, político corrupto.
Suriman.-Agente.
Un momento, por favor. Es un criminal, pero igual hay que tratarlo con respeto.
Policía.- Tiene
razón, Suriman. (A Sánchez) Camine Ud., basura, político corrupto. (Salen
policía y Sánchez)
Ayudante.- Otra
vez venzió la justizia.
Suriman.- Como
debe ser, ayudante, ¡Ayudante! Ahí viene mi amor imposible. La Karina Ester.
Ayudante.-
¿Dónde?
Suriman.- Allá
¿No la ve? Viene justo para acá. Rápido. Póngase atrás. Agarre la capa y
hágamela flamiá. Así. Eso (Se pone en pose) Haga ruido como si hubiera viento
(Ayudante sopla y aúlla)
Carina.-
(Entra y va a pasar de largo. Lo ve al Suriman y lo mira con desprecio) Payaso.
(Sale)
Suriman.-No hay
caso, me desprecia.
Ayudante.- Ez
que ella ama a zuriman en zu personalidá secreta, ez decir, a Delfor Mamani. Ez
decir. Ud. Mismo.
Suriman.- Sí,
ya lo sé, ayudante. No hace falta que me explique tanto.
Ayudante.- ¿Por
qué no trata de zeducirla como don Mamaní?
Suriman.-No
puedo. Yo necesito que me ame por lo que soy. Tal como soy. No puedo engañarla.
Mire si el romance termina en casamiento. Ella debe aceptar que además de
hombre, soy un avestruz.
Llegan
dos hombres.
Agente
1.-
¿Ud. Es Suriman?
Suriman.-Sí,
señor.
Agente
2.-
Somos agentes del gobierno.
Suriman.-Encantado.
El señor es mi ayudante. (Se presentan, se dan todos la mano)
Agente1.-
Suriman, hemos descubierto que Ud. Es Delfor Mamaní y que su ayudante es el
dueño del quiosco que está frente a casa de gobierno. En virtud de los
servicios prestados a la comunidad, estamos dispuestos a mantener el secreto,
siempre y cuando ud. Se comprometa a terminar con esto.
Suriman.- ¿Ud.
Pretende que yo mate a Suriman?
Agente2.- Señor
Delfor Mamaní, esto tiene que acabar. No podemos permitir un superhéroe en la
provincia. El contraste con el gobierno sería peligroso. Más que peligroso,
lamentablemente funesto.
Suriman.- No
puedo.
Agente
1.-
Estamos dispuestos a darle a manera de compensación una categoría 8 en la
administración pública.
Suriman.- ¿Una
categoría 8?
Agente
2.-
¡Actualmente ud. Tiene una 6!
Suriman.- No
puedo. Debo rechazar su oferta. Suriman nació y vivió durante meses para
combatir la injusticia y la corrupción y lo hará hasta el fin.
Agente1.- ¿Es
su última palabra?
Suriman.- Así
es.
Agente2.- ¿Nos
está declarando la guerra?
Suriman.-
¡Ayudante, a mí!
En
off.- Ríndase, Suriman. Está completamente rodeado. Somos quinientos soldados,
doscientos policías, tres diputados y un Familiar.
Oscurecimiento.
CUADRO
VII
Personajes:
Mamaní (Suriman) y Liquín (Ayudante)
Luz
lentamente. Ruidos de calle. Entran por lados distintos Mamaní y Liquíb,
trajeados, con maletines, sin verse y casi chocan.
Mamaní.- Pero
¡Liquín!
Liquín.- ¡Zur…
digo, Don Delfor! Tanto tiempo.
Mamaní.-¿Cómo
anda todo?
Liquín.- No me
puedo quejar.
Mamaní.- ¿Y el
quiosco?
Liquín.- Lo
vendí. Ez que no me daba tiempo.
Mamaní.-Sí. Yo
también estoy muy ocupado.
Silencio
Liquín.- ¿Y
zuz cozaz? ¿En qué anda ahora?
Mamaní.- Ahí
estoy. En el ministerio. Al final me dieron categoría 23 ¿Y usted?
Liquín.- Tengo
un carguito en la legizladura.
Mamaní.- Eh,
¿en la legisladura? Importante.
Liquin.- Zí.
Maz o menos.
Silencio
Mamaní.-Estoy
de novio. Con la Karina Ester.
Liquín.-
¡Eh,
don Mamaní! ¡Lo felizito! ¿Qué tal? Hermoza mujer.
Mamaní.-Sí.
Silencio
Mamaní.-Creo
que me gustaba más antes, cuando no me daba bolilla. Además ¿Sabe una cosa? Vi
su documento y no es Carina con k. Es con C, nomás.
Liquín.- Ez
que ud. Ez un romántico, Don Delfor.
Silencio.
Mamaní.-
Liquín… a Ud. A veces ¿No le dan ganas de…?
Liquín.- No lo
diga, don Mamaní.
Mamaní.-Yo
quisiera volver, como Suriman. ¿Me entiende?
Liquín.-
¡zhhh! Laz paredes oyen, don Delfor.
Mamaní.-Estamos
en un parque, ayudante.
Liquín.- No me
diga ayudante, don Delfor.
Mamaní.-¿ No le
dan ganas de volver? ¿Sabe que pienso, ayudante? Que todos en el fondo tenemos
algo de superhéroes. Pero no sé qué pasa, poco a poco nos volvemos
indiferentes, egoístas, y al final ya no nos interesa nada. Ni siquiera
nosotros mismos. Ahora estoy seguro de que o fue un rayo lo que me convirtió en
Suriman. Capá que sí fue una tormenta, pero una tormenta de adentro. De acá (Se
toca el pecho) que explotó porque ya no podía más de tanta porquería.
Liquín.- No me
comprometa, don Delfor. Ya me compré una motito y el diputado Zánchez me ha
prometido que…
Mamaní.-¿El
diputado Sánchez? Ah…¿ Ya lo soltaron?
Silencio
Mamaní.-¿Se
acuerda de los experimentos en el suricaño?
Liquín.-¡Qué
barbaro! Terminamo todo lleno de harina.
Mamaní.-Pero
funcionó ¿no es cierto, Liquín?
Liquín.-
Zierto. Lo hicimos recagar al Familiar.
(Lo palmea con fuerza
y el maletín de Suriman se abre y cae el suriplumero. Entonces se miran
significativamente, Suriman lo guarda rápido)
Mamaní.-¿No se
anima a volver, Liquín? (Liquín se aparta, Mamaní lo mira) Capá que tenga
razón, ayudante. (Levanta su portafolios) Adiós, Liquín (va a salir).
Liquín.-
Dondequiera que impere la maldá y la corrucción, donde haya un pobre que sufra
la injusticia, y la opresión oprima y la porquería acongoje al pueblo
acongojado… allí estará…
Mamaní.-¡Suriman!
(Se encuentran y se abrazan) ¿Esta noche en el suricaño, ayudante?
Liquín.- Como
siempre, jefe. (Se escucha un popurrí de
músicas de héroes conocidos. Mamaní y Liquín hacen poses heroicas. Pasa una de
las chicas con un cartel que dice: FIN)
APAGÓN FINAL
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